2 abr 2013

19 mar 2013

Subida al Coriscao. Agosto 2012.

Esta mañana de agosto lo tenía claro... en parte; saliendo de Renedo subiría por la Collada de Carmona para llegar a Puentenansa y esta vez, pasando por la Masón, hacer una paradita en el mirador de Sta. Catalina, llegar a la Hermida, Urdón y desde allí... la subidita a Tresviso que tengo pendiente desde que retomé esto de “tirarme al monte”. Pero, mi gozo en un pozo. Cuando llegué, aquello estaba más transitado que la calle Sierpes la noche del Corpus. 
Del tirón, recordé que en algún lugar de mi agenda había apuntado algo del Coriscao, me sonaba que estaba en San Glorio y algo del monumento del Oso así que hacia alli encaminé mis pasos, no sin antes y como siempre, entrar en trance a través del desfiladero... ¿por qué será que no lo puedo evitar? ¿por qué será que siempre me lleva a aquellos momentos? ¿por qué será que me encuentro en él como en casa?, bueno déjate de reflexiones y … al turrón. 
Paradita en el centro de interpretación del Sotama, foto, whasap y carretera y manta. Subo San Glorio sin apenas cruzarme con tres coches... eso es lo que me gusta. En lo alto un frío que pela, pero un día despejado como algunos de los que he disfrutado este verano. Sólo enfocar el alto de la collada de Llesba, la vista de Picos, de nuevo, me levanta el alma, me saca los colores y hace que algo muy potente se expanda en mi pecho ¿qué ocurre?, pues no sé como llamarlo... sólo sé describirlo y poco más. Vista a la derecha, a la izquierda, sustituyo las zapatillas por la botas, uyyyyy!!!
 
Y esos Picos mirándome fijamente... anda!!!! pues no es aquello El Cable, y la pista de Espinama, y los prados de Aliva, pues entonces ahí a la derecha... ¿será eso que he leído del macízo de Andara???? algo más fuerte aún me invadía, ¿San Carlos? ¿Samelar?. 
(Y entonces, me viene a la memoria el día de julio que fui a darme un paseo por Andara, a conocer el Casetón – otra pendiente-, a charlar con Quique el guarda, a sentir esa piedra con la que llevaba soñando todo el año, de la que tanto había hablado a todos y todas los que me querían escuchar; en lo que pensaba con frecuencia cuando a ritmo de música disco hacía mis entrenos durante el invierno en el gym, en Granada por la Estrella, en los Cahorros, y en los findes por los escasos altos que rodean mi casa sevillana.
Estaba allí, sobrecogida por el trabajo de la mano del hombre, admirada por como la naturaleza se muestra en toda su acojedora hostilidad. Y de forma inesperada en el collado del Trasmancondiú, llega un montañero, casualidad!!!!, andaluz y pegamos la hebra durante casi dos horas, otro solitario perdido entre estas montañas.)
 


Algo recordaba que había leído de que desde la cima del Coriscao se veían los tres macizos y... hasta el mar. Así que decidí iniciar mi ruta, y tras pasar un incómodo tramo de terreno de escobas, llego a una gran pradería que atraviesa una extensa ladera, el sonido de campanos, las vacas y los terneros que se me quedan mirando, seguro que pensado … si es que piensan.... “que se te ha perdido por aquí?”; escaso sonido de pájaros pero abundante vuelo de rapaces me acompañan. 
Parece que el Coriscao debe ser, por lo que recordaba, la montaña que tenía cerca, así que me aplico, en la subida con mucha piedra suelta y un poco asustada, para después de un tramo tomar la decisión que ese no debe ser el mejor camino, por lo que decído tomar un sendero que viene trazado desde el sur, aunque un poco desanimada porque no veía que las vistas hubieran progresado mucho más... me seguía faltando un macizo y además... no veía el mar. 
Todo cambia cuando bordeando lo que resultó ser la Peña Cascajal (el nombre le viene que ni pintá), descubro el sendero que se encamina al Coriscao... eso ya tenía otro color, de nuevo las mariposas dentro y fuera de mi estómago, la emoción y las alas en mis botas hacen mi camino diferente, desde el collado la vista sobre Picos se va ampliando, …. ¡¡¡¡¡¡esto ya tiene otro color!!!!!!!

 
Sigo subiendo atenta a la piedra suelta, procurando que no me secuestre el momento de disfrute, el pensamiento en la bajada; poniendo atención en mi cuerpo cómo responde, en el frío viento que sopla de sur a norte y casi me arrastra, pasito a pasito, intento aprovechar la fuerza el viento aliándome con él hasta que casi... se convierte en un colega que me ayuda en la ascensión. Ya casi en la cima, un pequeño rellano, en el que me paro como preparación a lo que casi con seguridad sé que me espera... “¡¡¡¡¡mi niña,.... preparate porque te vas a enterar!!!!!”.
 Y así ocurre, cuando me enfrento a la visión que tengo por delante; una presión en el pecho me hace e impede llorar, la emoción me embarga de una forma tan tremenda que sólo puedo pensar en cómo me hubiera gustado que mis personas favoritas hubieran podido compartir este momento, retazos de conversaciones, imágenes, sensaciones de otros momentos llegan y se van por oleadas acompañadas de ese potente viento que me ha acompañado y que está empeñado en cuidarme; para que todo esté presente pero que no me engatille con nada y así, unas lagrimitas... tímidas, muy tímidas, me recuerdan que tengo que hacer alguna foto, si es que desde esa altura hay internet.

27 ene 2013

Un día de enero, 26 de 2013.

Un día de enero, 26 de 2013.

Hoy no tenía el día para cascabeles aunque sí para campanillas.


Me levanté temprano y con la niebla calada hasta el fondo pero recordando aquello que dice "mañanita de niebla, tarde de paseo", puse rumbo a la Sierra de Huelva en busca de paisaje minero -siempre me ha gustado la arquitectura industrial, tal vez, mis orígenes?.
Mina Concepción rondaba por mi cabeza... pero no por las ruedas de mi coche, por lo que después de varias vueltas -nunca son demasiadas- llegué al pueblo minero que lleva ese nombre.

Con una decisión frenética me dispuse a subir allá dónde fuera necesario, porque el cuerpo y la cabeza me pedían "runear"; es por ello que apenas si veo a una señora mayor que se encontraba haciendo su gimnasia. Después de mi saludo, me dirige la palabra, lo que me hace aminorar el paso ... no sin cierto desasosiego por mi parte, hago por acompasar mi paso al suyo, no demasiado lento. 
Enseguida me doy cuenta de que quiere charlar -la vida me va entrenando el músculo de la atención, para ayudarme a parar cuando es necesario- e iniciamos una charla abiera, desinhibida, simpática, fresca y juguetona, acompasada al subir y bajar del monte que rodea la mina a cielo abierto convertida, ahora, en estanque.

Me invita a su casa, acepto; me muestra su cocina, disfruto de su chimenea; me prepara un zumo de naranja de su huerta... tengo que tomarlo en dos veces; me muestra su familia, escucho... escucho con respeto la historia de una vida dura, aspera, violenta, plagada de desamor y dolor que al final ha encontrado la felicidad en un pueblo de poco menos de 100 habitantes -después de haber vivido en grandes capitales y en más de un continente-, disfrutando de una vida sencilla junto a un hombre sencillo del que realmente se siente enamorada. Una auténtica historia de amor en lo cotidiano.

Ahora aquí, en lo alto de este pequeño monte me alegro de todas la vueltas que he dado para llegar... porque así es que tenía que ser!!!!

Y no me queda por menos que, dar gracias a la vida por ir poniento en mi camino lo que voy necesitando... despacio... al tiempo... y como sin querer ...se va llevando lo innecesario, lo que ocupa, lo que no nutre. Le doy también gracias por haberte puesto a tí, que ahora estás leyendo estas líneas, desde la emoción que sea que tengas... gracias también a TI. ;-)))) -FAT
... el resto de la tarde... hasta la puesta de sol ... EL REGALO DE UN DÍA DE CAMPANILLAS, gracias por acompañarme.