Subida al Coriscao. Agosto 2012.
Esta mañana
de agosto lo tenía claro... en parte; saliendo de Renedo subiría por la
Collada de Carmona para llegar a Puentenansa y esta vez, pasando por la
Masón, hacer una paradita en el mirador de Sta. Catalina, llegar a la
Hermida, Urdón y desde allí... la subidita a Tresviso que tengo
pendiente desde que retomé esto de “tirarme al monte”. Pero, mi gozo en
un pozo. Cuando llegué, aquello estaba más transitado que la calle
Sierpes la noche del Corpus.
Del tirón, recordé que en algún lugar de mi
agenda había apuntado algo del Coriscao, me sonaba que estaba en San
Glorio y algo del monumento del Oso así que hacia alli encaminé mis
pasos, no sin antes y como siempre, entrar en trance a través del
desfiladero... ¿por qué será que no lo puedo evitar? ¿por qué será que
siempre me lleva a aquellos momentos? ¿por qué será que me encuentro en
él como en casa?, bueno déjate de reflexiones y … al turrón.
Paradita en
el centro de interpretación del Sotama, foto, whasap y carretera y
manta. Subo San Glorio sin apenas cruzarme con tres coches... eso es lo
que me gusta. En lo alto un frío que pela, pero un día despejado como
algunos de los que he disfrutado este verano. Sólo enfocar el alto de la
collada de Llesba, la vista de Picos, de nuevo, me levanta el alma, me
saca los colores y hace que algo muy potente se expanda en mi pecho ¿qué
ocurre?, pues no sé como llamarlo... sólo sé describirlo y poco más.
Vista a la derecha, a la izquierda, sustituyo las zapatillas por la
botas, uyyyyy!!!
Y esos Picos mirándome fijamente... anda!!!! pues no es
aquello El Cable, y la pista de Espinama, y los prados de Aliva, pues
entonces ahí a la derecha... ¿será eso que he leído del macízo de
Andara???? algo más fuerte aún me invadía, ¿San Carlos? ¿Samelar?.
(Y
entonces, me viene a la memoria el día de julio que fui a darme un paseo
por Andara, a conocer el Casetón – otra pendiente-, a charlar con
Quique el guarda, a sentir esa piedra con la que llevaba soñando todo el
año, de la que tanto había hablado a todos y todas los que me querían
escuchar; en lo que pensaba con frecuencia cuando a ritmo de música
disco hacía mis entrenos durante el invierno en el gym, en Granada por
la Estrella, en los Cahorros, y en los findes por los escasos altos que
rodean mi casa sevillana.
Estaba allí, sobrecogida por el trabajo de la
mano del hombre, admirada por como la naturaleza se muestra en toda su
acojedora hostilidad. Y de forma inesperada en el collado del
Trasmancondiú, llega un montañero, casualidad!!!!, andaluz y pegamos la
hebra durante casi dos horas, otro solitario perdido entre estas
montañas.)
Algo recordaba que había leído de que desde la cima del
Coriscao se veían los tres macizos y... hasta el mar. Así que decidí
iniciar mi ruta, y tras pasar un incómodo tramo de terreno de escobas,
llego a una gran pradería que atraviesa una extensa ladera, el sonido de
campanos, las vacas y los terneros que se me quedan mirando, seguro que
pensado … si es que piensan.... “que se te ha perdido por aquí?”;
escaso sonido de pájaros pero abundante vuelo de rapaces me acompañan.
Parece que el Coriscao debe ser, por lo que recordaba, la montaña que
tenía cerca, así que me aplico, en la subida con mucha piedra suelta y
un poco asustada, para después de un tramo tomar la decisión que ese no
debe ser el mejor camino, por lo que decído tomar un sendero que viene
trazado desde el sur, aunque un poco desanimada porque no veía que las
vistas hubieran progresado mucho más... me seguía faltando un macizo y
además... no veía el mar.
Todo cambia cuando bordeando lo que resultó
ser la Peña Cascajal (el nombre le viene que ni pintá), descubro el
sendero que se encamina al Coriscao... eso ya tenía otro color, de nuevo
las mariposas dentro y fuera de mi estómago, la emoción y las alas en
mis botas hacen mi camino diferente, desde el collado la vista sobre
Picos se va ampliando, …. ¡¡¡¡¡¡esto ya tiene otro color!!!!!!!
Sigo
subiendo atenta a la piedra suelta, procurando que no me secuestre el
momento de disfrute, el pensamiento en la bajada; poniendo atención en
mi cuerpo cómo responde, en el frío viento que sopla de sur a norte y
casi me arrastra, pasito a pasito, intento aprovechar la fuerza el
viento aliándome con él hasta que casi... se convierte en un colega que
me ayuda en la ascensión. Ya casi en la cima, un pequeño rellano, en el
que me paro como preparación a lo que casi con seguridad sé que me
espera... “¡¡¡¡¡mi niña,.... preparate porque te vas a enterar!!!!!”.
Y
así ocurre, cuando me enfrento a la visión que tengo por delante; una
presión en el pecho me hace e impede llorar, la emoción me embarga de
una forma tan tremenda que sólo puedo pensar en cómo me hubiera gustado
que mis personas favoritas hubieran podido compartir este momento,
retazos de conversaciones, imágenes, sensaciones de otros momentos
llegan y se van por oleadas acompañadas de ese potente viento que me ha
acompañado y que está empeñado en cuidarme; para que todo esté presente
pero que no me engatille con nada y así, unas lagrimitas... tímidas, muy
tímidas, me recuerdan que tengo que hacer alguna foto, si es que desde
esa altura hay internet.